Imaginate que alguien te dé tanta paz que el sólo recostarse en sus brazos te comienze a dar sueño. La ansiedad se vuelve diminuta y el amor es tan puro que se transforma en eso que más necesitabas: tranquilidad.
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Sé que no soy el mejor ni el más bueno, pero de verdad te lo prometo, amor. Voy a negociar con el de abajo para que me deje ir a verte allá arriba.
Ya no espero mucho, ni de ti, ni de mí, baje los brazos sin fuerza y deje que el viento apagara el fuego, las cenizas volaron por todo el lugar cubriéndome la cara con pedazo de las cartas que te escribí pero nunca entregué, nos fuimos soltando de poquito liberándonos del yugo que habíamos puesto sobre nosotros, tal vez fue fácil porque nunca nos unió nada más que los latidos del corazón. Nunca tuvimos un lugar en la vida del otro, así era más cómodo abandonarnos en el camino sin dar explicaciones, en realidad contigo no tuve certezas más allá de que mi corazón te pertenecía. Hoy el paisaje se queda vacío y la vida vuelve a retomar su ritmo, ya no hay noches compartidas, ni buenos días que me hagan sonreír pero tampoco hay dudas o eternas esperas, los días se me pasan uno a uno a sabiendas de que tú estás ahí en algún lugar caminando por calles desconocidas, marcando tu camino, alejándote de mí, impulsado por tu hambre de libertad y el desinterés de un corazón que aprendió a hacer las maletas porque complicar las cosas no es su estilo, y es qué, cuando se aprende a huir de lo que nos complica la vida es difícil volver a tomar riesgos. Yo estoy aquí, perdida, entre las montañas, donde la vida se pasa lento, donde el café de las tardes me gritan tu nombre y los atardeceres me hacen buscarte. Yo estoy aquí aprendiendo a estar sin ti, a no saber de tu vida o de tus historias cotidianas que me hacían feliz. Me veo al espejo y detesto más que nunca sonreír porque ahora hasta mis sonrisas hablan de ti ¡Qué injusto es todo esto! Tú caminas sin recordarme y yo lo hago para no hacerlo. Ojalá la distancia también separara corazones y no solo cuerpos, ojalá los silencios también nos hicieran olvidar.
-Llegaste a mí pero con las maletas hechas.





